Y esto no te pasa porque seas demasiado generosa, ni porque no pongas límites suficientes.
Te pasa porque fue lo que aprendiste para sobrevivir en un ambiente donde ser la niña buena era tu única opción.
Aprendiste a tener el control, a mantener la paz y a ser la fuerte.
Pero lo que no aprendiste fue que…
Este patrón, aunque parezca fortaleza… termina agotándote.